OFF THE RECORD
Las y los hidalguenses tienen este año una doble cita con la democracia. En una elegirán a jueces y magistrados para contribuir así a una histórica renovación del Poder Judicial. La otra tiene que ver con una eventual revocación de mandato del gobernador morenista Julio Menchaca Salazar.
Ambas, sin duda, representan una gran farsa.
Sí, una farsa porque muy, muy pocos estarían preparados para elegir jueces y magistrados. Si bien el tema es de interés de las mayorías que claman por una justicia eficiente y oportuna pues sacarse de la manga un gran listado de candidatos en nada ayuda.
En nada ayuda porque nadie los conoce y no existe garantía de que sean abogados verdaderamente interesados en una estricta aplicación de la ley y de que cuenten con la experiencia necesaria.
El propio Instituto Nacional Electoral (INE) estima una participación ciudadana que rondará entre el ocho y el quince por ciento. No hay interés, no hay suficiente motivación, solo simulación.
Pero interesa a alguien una nutrida participación. Los hechos muestran que no han dado el escaso presupuesto que se asignó a esa elección. Más allá de Morena, tampoco los partidos parece que volcarán sus esfuerzos para imponer jueces o magistrados albiazules, tricolores, naranjas o verdes, faltaba más.
Cómo entonces definir a esta cita con la democracia: participaremos en una elección o nos estaremos prestando para una adivinanza.
La consulta para una eventual revocación de mandato no está mejor.
Sin oposición a la vista será un día de campo aún para los bisoños operadores políticos del Movimiento de Renovación Nacional en Hidalgo y del gobernador Menchaca Salazar.
En el presupuesto de egresos de la administración pública estatal se les “olvidó” dotar de los recursos necesarios al Instituto Estatal Electoral para realizar con ímpetu esta consulta.
Reza el refrán que chango viejo no aprende maroma nueva y esto pasa con los políticos del ahora llamado viejo régimen que sin rubor alguno migraron del PRI a Morena.
Ahora, como antes, aunque las cosas no vayan del todo bien pregonan con orgullo sus escasas aportaciones al segundo piso de algo que ahora llaman segundo piso del humanismo mexicano.
Un humanismo que alza la voz frente al que consideran salvajismo de la fiesta brava pero que calla y se muestra omiso ante ejecuciones en todos los puntos de la república.
Un humanismo que solapa a gobernadores como el de Sinaloa, estado donde las bandas del crimen organizado dirimen sus diferencias a balazos y donde la zozobra de la población está presente por casi medio año.
Mientras los gobernantes se sientan inteligentes y queridos no va a pasar nada.
Sólo una petición: que alguien les diga para qué debe servir la administración pública y el ejercicio del poder.
En la consulta de revocación de mandato bastará que los siervos de la nación y algún que otro familiar acuda a la urna para ratificar que en Hidalgo estamos felices con nuestros gobernantes.
