OFF THE RECORD

En la vida hay momentos en los que reconocer los propios límites no es solo un acto de humildad, sino de responsabilidad.

Hoy, ese momento ha llegado para Guillermo Olivares Reyna, secretario de Gobierno de Hidalgo. Su gestión, marcada por una serie de errores y decisiones cuestionables, ha dejado en evidencia que está rebasado en su cargo.

Y no lo digo yo, lo dicen los hechos: avenidas cerradas semana tras semana, represión contra feministas en la marcha del 8 de marzo y un desgaste innecesario en la relación con los alcaldes hidalguenses.

Es hora de que Olivares Reyna renuncie y deje que alguien más competente asuma el liderazgo que el estado necesita.

No es exagerado afirmar que la administración de Olivares Reyna se ha convertido en un lastre para el gobierno de Julio Menchaca Salazar. El gobernador, quien enfrenta una sensible elección de revocación de mandato, no puede permitirse el lujo de tener a un funcionario que, lejos de sumar, resta.

La imagen de un gobierno se construye con acciones concretas y con la capacidad de resolver problemas, no con cierres viales interminables que afectan la vida diaria de los ciudadanos ni con represiones que manchan la reputación de una administración que debería ser garante de los derechos humanos.

El caso de la marcha del 8 de marzo es particularmente grave. En un estado donde la violencia de género es una realidad latente, la respuesta del gobierno no puede ser la represión.

Las feministas que salieron a las calles lo hicieron para exigir justicia y seguridad, no para ser recibidas con violencia institucional. Este episodio no solo refleja la falta de sensibilidad de Olivares Reyna, sino también su incapacidad para manejar situaciones de alta tensión con el tacto y la estrategia que requieren.

Pero los problemas no terminan ahí. La relación con los alcaldes hidalguenses es otro foco rojo. Un secretario de Gobierno debe ser un puente entre el gobierno estatal y los municipios, no un obstáculo.

Las malas formas políticas de Olivares Reyna han generado un descontento generalizado entre los ediles, lo que dificulta la coordinación necesaria para impulsar proyectos y atender las necesidades de la población. En política, las formas importan, y en este caso, las formas han sido desastrosas.

Julio Menchaca Salazar tiene ante sí un desafío crucial: la elección de revocación de mandato. Este proceso no solo pondrá a prueba su gestión, sino también la confianza que los hidalguenses depositaron en él.

Para salir fortalecido, necesita un equipo cohesionado y eficiente, no funcionarios que le resten credibilidad. Guillermo Olivares Reyna, con su historial de errores y su falta de capacidad para resolver conflictos, es un peso muerto que el gobernador no puede seguir cargando.

Renunciar no es sinónimo de derrota; a veces, es un acto de grandeza. Guillermo Olivares Reyna debe dar un paso al costado y permitir que alguien más competente tome las riendas de la Secretaría de Gobierno.

Hidalgo merece un liderazgo que esté a la altura de sus desafíos, no uno que los agrave. El momento de actuar es ahora, antes de que el daño sea irreparable.

Un comentario en «Olivares Reyna: Es hora de dar un paso al costado»

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