El tema del suicidio es sumamente controvertido y lamentablemente se ha vuelto muy común en las noticias. Constantemente escuchamos acerca de personas que han tomado una decisión fatal y resulta muy fácil especular acerca de las razones detrás de ello, diciendo cosas como: «Yo sabía que algo estaba mal» o «Si tan solo hubiéramos hecho algo diferente». Sin embargo, mientras la persona atraviesa este difícil proceso, son pocos los que realmente nos interesamos en comprenderlo, principalmente porque desconocemos el contexto general. Lo que percibimos es apenas la punta del iceberg.

El suicidio es el último paso de un largo camino, de innumerables noches y días en los que los pensamientos e ideaciones suicidas se desarrollan. Comienza con un profundo sentimiento de tristeza que dejamos crecer, pensando que eventualmente se irá, o porque creemos que con suficiente fuerza de voluntad desaparecerá. Debemos estar atentos a las señales de alerta, a las banderas rojas que se vuelven cada vez más evidentes. Recordemos que la salud mental es importante y debemos cuidar nuestros pensamientos, hábitos y buscar terapia cuando nos sentimos abrumados. Esto es cuidar de nosotros mismos, es amor propio.
Comencemos por algo básico, pero no menos importante: el término «suicidio» proviene de la combinación de «sui» (uno mismo) y «cidium» (asesinato/matar), lo cual implica una terminación voluntaria de la propia vida como una forma de conducta, no como una enfermedad.
Como se menciona, el suicidio es una conducta que se va desarrollando y adquiriendo fuerza. Las conductas se alimentan de pensamientos, actividades y hábitos. Por eso es tan importante trabajar en nosotros mismos. La Organización Mundial de la Salud reporta que hay 800.000 suicidios al año en el mundo, es decir, 40 suicidios por segundo, y por cada uno de ellos, hay 20 intentos.

Existen diversos factores de riesgo. En una columna anterior, hablamos sobre cómo saber si uno tiene depresión y el impacto que el estado de ánimo tiene en una persona. Algunos de los momentos relacionados con el suicidio son:
Suicidio oculto: actitud pasiva con el reconocimiento de querer terminar con la propia vida.
Gesto suicida: amenazar con actos autodestructivos o amenazar con llevar a cabo el acto.
Ideación suicida: presencia de fantasías o pensamientos sobre la propia muerte, esto se lleva a cabo como un constructo teórico manifiesto.
Rumiantes: flujo constante de pensamientos obsesivos sobre la previsión y planificación de cada paso del individuo que lo experimenta, con el objetivo de aliviar el sentimiento de inseguridad y ansiedad. Las rumiaciones suelen estar fuertemente asociadas con los estados depresivos.
Estos son solo algunos de los factores que desconocemos inicialmente. Debemos acercarnos para buscar ayuda si notamos algo diferente en alguien, sin especulaciones ni críticas. Algunos factores de riesgo incluyen el consumo de sustancias, la depresión, los trastornos.
Por: Psicóloga Griselda Morales

